InicioGeneralidadesHistoria de las banderas: desde cuándo nos identificamos con telas de colores

EMILIO SÁNCHEZ HIDALGO 23 JUN 2019

Dinamarca es la monarquía más antigua del mundo. Y, como explica el danés Henrik Lundorff en el siguiente hilo de Twitter, su bandera también es la más vieja que se siga usando en la actualidad [puedes leer el hilo completo al final del artículo].

¡Feliz cumpleaños a la bandera nacional más vieja del Mundo 🇩🇰🇩🇰🇩🇰! 

Hoy 15 de junio cumple 800 (ochocientos!) años la bandera de Dinamarca, «Dannebrog», y en su honor abro un mini-hilo sobre la historia de nuestra querida bandera roja y blanca… pic.twitter.com/YYnPMPvQNu— Henrik Lundorff (@bicivikingo) 15 de junio de 2019

El tuit ha sido compartido más de 1.300 veces en seis días desde el 15 de junio. “Soy un fanático de la geografía y de las banderas. De pequeño competía con mi hermano a ver quién sabía más banderas”, dice el autor del hilo a Verne. Una de sus banderas favoritas es la Argentina, país en el que vive. La bandera de este país sudamericano nació 600 años después que la danesa.

El origen de las banderas

Hace siglos que usamos trozos de tela que ondean con el viento como símbolos. Como explica la Enciclopedia Británica en este artículo, las primeras banderas de las que hay constancia histórica son chinas e indias. Una de las más antiguas era la de la dinastía china Zhou, utilizada al menos desde el año 660 a.C.

«Para que una bandera ondee al viento es necesario un tejido ligero. Las banderas nacieron en Asia porque allí tenían seda», explica a Verne el secretario de la Sociedad Española de Vexilología (estudio de las banderas), José Manuel Erbez. En Europa y África, otros objetos cumplían la labor de las banderas.

«Los egipcios tenían insignias de cuero o de metal para sus reyes. Como los legionarios romanos, que también tenían vexillos. Es la palabra en latín para los estandartes que usaban, parecidos a las banderas. Pero con la diferencia de que eran de lana y no podían ondear, así que el travesaño era horizontal», añade Erbez. Las banderas de seda se empiezan a instalar en Europa en torno al siglo X u XI, cuando la seda se extendió en el continente.

Del escudo de armas al símbolo nacional

Las primeras banderas europeas solían estar protagonizadas por los símbolos heráldicos de los nobles o de los reyes. El escudo de armas de cada rey estaba en las banderas de sus ejércitos. Y en otros sitios. «También estaba en la vajilla o en la cubertería. El escudo era la forma de decir esto es mío«, dice Erbez. Por ello, el símbolo se relacionaba con el rey, pero no tanto con el reino. Las banderas con estos escudos no estaban pensadas con el sentido colectivo de hoy en día: definían qué territorio, qué personas o qué fortalezas estaban bajo el dominio del rey.

Así, la bandera era una extensión del rey. No se usaba en la sociedad civil. «Un carpintero del siglo XVII no ponía una bandera del rey en su casa. No se utilizaba así», comenta Erbez. Sí podía haber una bandera del gremio de carpinteros, pero no la del rey.

Esta concepción cambia en el siglo XVIII y XIX, con la llegada de la Ilustración y el debilitamiento del absolutismo. «Se empieza a desarrollar el concepto de nación más allá del gobernante. Y la bandera empieza a identificarse no como la del rey, sino como la de los ciudadanos. De todos ellos», añade Erbez.

¿Con qué bandera me quedo?

El comienzo del uso civil, más amplio, de las banderas coincidió con la crisis de muchas monarquías. Por ello, los símbolos heráldicos no siempre se trasladaron a las enseñas nacionales. Así pasó en Francia: después de la Revolución Francesa, no quedó ni rastro de la flor de lis asociada a la monarquía.

«El proceso para adoptar una bandera depende de muchos factores. A veces es un diseño que convence a los gobernantes de esa época, otras provienen de símbolos pasados… No hay un camino único», explica Erbez. Como ejemplo de esta idea, las banderas autonómicas de España. La de la Comunidad de Madrid fue un encargo desde cero del presidente de la región en 1983. Las cadenas de la de Navarra aluden a una leyenda feudal.

La mayoría de las banderas del mundo son relativamente modernas. La razón es sencilla: gran parte de los países han sido colonias de potencias europeas y sus banderas intentan romper con ese pasado colonial. «Cuando tienen escudos, dan la espalda a la heráldica, que se consideraba desfasada. Son más emblemas que escudos heráldicos», cuenta Erbez. El paradigma de este cambio son las banderas sudamericanas. Sus elementos se acercan más a elementos que identifican al país que a símbolos de gobernantes.

Hay otro origen muy habitual para las banderas: su uso militar. Es el caso de la actual bandera de España. La enseña rojigualda era el símbolo de la armada de Carlos III, en el siglo XVIII. Fue diseñada por una necesidad naval: las banderas de los barcos, aunque fueran de reinos distintos, eran muy parecidas. Los buques españoles tenían banderas blancas con el escudo de la dinastía real. Y no se diferenciaban unos de otros.

Carlos III convocó un concurso para colocar otra bandera en los barcos españoles, de manera que fuera más identificable. Eligió el diseño de dos franjas rojas y una amarilla para los barcos de la Marina de Guerra en 1785. Su uso se popularizó en el siglo XIX, durante la Guerra de Independencia contra las tropas de Napoleón. «El pueblo la utilizaba para diferenciarse de los franceses», explica Erbez.

Verne


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